Raimundo con una Súper Shon de 35 mm CEDIDA
Raimundo con una Súper Shon de 35 mm CEDIDA

Raimundo Dávila; toda una vida de cine

  • Ha sido su vida, primero como afición y más tarde como profesión. Es la memoria viva del cine en Quintana

Comenzó con 17 años en esta industria. Es la persona que más conoce los inicios y el desarrollo del séptimo arte en la localidad. Hablar con él es revivir cada época del cine y hacer un repaso por los millares de títulos que en su momento llegaron a la gran pantalla quitanense.

¿Cuáles fueron los inicios del cine en Quintana?

Durante los años de posguerra hubo cine mudo, se colgaba una sábana en la puerta de la Iglesia y desde el ayuntamiento se proyectaba. Pero realmente la primera película que llegó con sonido fue ‘La reina de cobra’, dirigida por Robert Siodmak en el año 1947.

¿De qué manera se introdujo la industria en la localidad?

Fue a través de doña Rosa Ruiz, que compró ese año dos casitas que había enfrente la Iglesia, donde hoy en día está el mesón, y en el espacio que quedaba en medio decidieron montar un pequeño cine de verano. La guerra aún estaba cercana pero la situación poco a poco iba normalizándose y la gente necesitaba distracción, por ello, fue un verdadero éxito desde el primer momento. En el año 1950 se construyó el primer cine cubierto en el mismo terreno, que se llamó Cine Azul. La primera película que se proyectó ahí fue ‘Tuyo es mi destino’ con Orson Welles. Al año de construir el cine de invierno, tras terminar una de las sesiones de un domingo se cayó todo el techo, con la fortuna que todos los espectadores habían salido ya de la sala, sino hubiera sido una catástrofe. En 1951, tras las labores de reconstrucción, se volvió a abrir al público.

¿Cuándo comenzaste en el mundo del cine?

En 1955, yo tenía 17 años y colaboraba en la radio local, pero doña Rosa me propuso ayudarle y debido a mi gran afición al cine comencé a trabajar allí. Por entonces tenía toda la responsabilidad con la contratación de películas, las liquidaciones y demás temas empresariales. En aquella época había tres sesiones los domingos; la infantil a las 17:00 horas donde se ofrecieron los clásicos animados Dumbo, Blancanieves o Pinocho y la de adultos a las 20:00 y 22:00 horas. La gente compraba las entradas el sábado al salir de misa y para el día el siguiente día no quedaba ninguna. El resto de la semana había una sesión cada noche y se llenaba igualmente.

¿Cómo funcionaba con la censura?

La censura no tenía un código, así que los censores revisaban todo lo relativo a la cinematografía, nacional o extranjera, y se les otorgaba una determinada clasificación por edades. En los años 50, el cine del domingo era un acontecimiento. Ya desde el sábado, los carteles de las películas que iban a ser exhibidas se colocaban en la puerta de la iglesia, donde también aparecía su clasificación, atendiendo a sus características y se dividían en apartados con diferentes colores. Un rombo blanco significaba que era para todos los públicos, el azul para mayores de 14 años, y negro para mayores de 21 años.

¿Cómo repercutió la censura en la localidad?

Había mucho control por parte de la Guardia Civil que llegaba en cada proyección para vigilar la entrada. Aunque era muy difícil llevar ese control de manera específica porque por entonces la gente no tenía carnet de identidad.

Precisamente ocurrió una anécdota muy curiosa que demuestra cómo funcionaban las cosas en aquellos años. En concreto creo que ocurrió por los estrenos de ‘La gata sobre el tejado de Zinc’ de Richard Brooks y ‘Gilda’ con Rita Hayworth . Tras proyectar estas películas, el párroco que estaba por entonces en la localidad negó la comunión a doña Rosa Ruiz, la dueña, porque consideraba que algunas de las cintas que se proyectaban en su cine eran muy atrevidas y con falta de moralidad. Ella recurrió este hecho al obispado y, tras cuatro años de litigios, le dieron la razón. Fueron años complicados para la industria del cine.

¿Cuándo decidió emprender su camino en solitario?

En el año 1970 creé mi propio negocio, lo que llamamos el Cine de la Verbena que ha estado vigente hasta hace relativamente poco en la calle al lado del parque Hernán Cortés. Al ser al aire libre solo ofrecíamos películas los meses de verano, pero se llenaba cada sesión de las 22:30 horas y contábamos con un aforo de 700 localidades. Por entonces, las personas tenían mucha afición al cine, y entraba dentro de su rutina al menos ir una vez por semana.

¿Qué cine triunfaba por aquella época?

Recuerdo que la primera película que proyectamos en este cine fue ‘Tiburón’, de la taquillera saga de Steven Spielberg. Estuvo en cartelera una semana y completamos todos los días las butacas. A su vez, comenzó el boom de los spaguetti-westerns, con ‘El bueno, el feo y el mano’, ‘La muerte tiene un precio’ o ‘Por un puñado de dólares’ que arrasaron en taquilla y las tuvimos más de una semana. Pero tras la muerte de Franco en el 1975, y la disolución de la censura años más tarde, comenzó la famosa época del ‘destape’, y las salas se abarrotaban para ver las peculiares películas de Fernando Esteso y Andrés Pajares. Había vuelto la libertad al cine después de 40 años y eso se notó mucho en la asistencia de público de todas las edades.

¿Qué nuevos género se fueron introduciendo?

El cine de aventura y de ciencia ficción también tuvo su época dorada en los 70. Llegaron a la localidad algunos títulos como ‘E.T.’, ‘Indiana Jones’ o la saga de ‘La Guerra de las Galaxias’. Además se empezaron a visionar en la gran pantalla algunos filmes de terror, que también causaban mucha curiosidad en el público de Quintana. Éstas fueron las primeras de Alfred Hitchcock, donde destacan ‘Los pájaros’ o ‘Psicosis’. Aunque es cierto en aquellas décadas el cine era una excusa para divertirse y pasarlo bien, por ello las personas preferían comedias cotidianas más amenas.

¿En qué momento amplió su negocio?

En el año 1977 decidí también coger el Cine Bosque y lo simultaneaba con el Cine de la Verbena. Éste, que también era al aire libre para los meses de verano, estuvo vigente durante 15 años. A partir de ahí el negocio fue familiar porque mi mujer trabajaba a la par conmigo y mis hijos conforme fueron creciendo. Rai, mi hijo mayor, cuando era un niño, se encargaba de montar la película para proyectarla y tenía que estar horas y horas con el rollo en la mano y dándole a la manivela. De la misma manera que mis otros hijos.

¿Esta primera etapa de cine hasta cuando se extiende en la localidad?

Desde 1947 que se construyó el primer cine, pasando por el Cine Azul, el Cine de la Verbena y el Cine Bosque, transcurrió medio siglo hasta que las puertas de cada uno fueron cerrando. El primero de ellos, el Cine Azul dejó de funcionar en el año 1975, convirtiéndose años más tarde en una discoteca de moda, dando paso a las nuevas generaciones. En el de la Verbena se proyectaron películas hasta el verano de 2007 y el Cine Bosque hasta el año 2000, cuando el Ayuntamiento compró el terreno y construyó la carpa municipal.

¿También se atrevió con el mundo de los videoclubs?

n la década de los 90 el cine experimentó una bajada. Los jóvenes ya solían ir a las discotecas y el ritmo de la sociedad cambió. Por ello, en torno a 1997 decidimos empezar con el negocio de los videoclubs por varios pueblos de la provincia. El de Quintana, al igual que el cine, tuvo muchísimo éxito. Había largas listas de esperas para venir a recoger las películas y funcionó muy bien. Primero tuvimos películas Veta, después VHS y por últimos DVD. Sobre el año 2005 cerramos todas las tiendas, y ahora mismo contamos con más de 3000 cintas VETA y VHS que nadie usa y que nos muestran con qué rapidez avanza la sociedad olvidando todo lo anterior.

¿De qué manera vuelve el cine a Quintana?

Cuando se construye el actual cine teatro Rodríguez Ibarra, el ayuntamiento comenzó a proyectar esporádicamente algunos títulos. Hasta que hace un par de años decidimos mi familia y yo hacernos cargos de las películas y proyectamos títulos de estreno todas las semanas. Tras un parón de más de cinco años, el cine ha vuelto y tiene un gran éxito. Vienen personas de muchos pueblos de la comarca porque el más cercano quitando los de Don Benito y Villanueva. Mi hija Toni junto a mi mujer, sin descanso, son las encargadas de llevar el grueso del negocio.

¿Cómo ha evolucionado esta industria en el ámbito tecnológico?

El modo de hacer cine ha cambiado mucho. Antes eran películas de celuloide de 35 mm, había que rebobinarlas a mano antes de cada sesión, además de montarlas. En muchas ocasiones se rompía el rollo y había que parar la película, lo que provocaba silbidos y pataleos por parte del público. En aquel momento se dividían en dos o tres rollos el filme, por eso había los famosos descansos en las sesiones, donde el público aprovechaba para tomar algo o comprar chucherías. Hace cinco años se digitalizó todo, ahora se vuelca el archivo en un ordenador, se mete una clave y la película comienza a funcionar sin la necesidad de que haya una persona al lado manejando la manivela o evitando que se rompa el celuloide. El cine ha ganado mucho en calidad con el salto a la digitalización y el trabajo es menos costoso.

¿Qué balance harías sobre el cine en último medio siglo?

De los años 40 a los 80 una película en el cine era un éxito asegurado. Diferentes épocas, mentalidades, gustos, pero el cine era un punto que siempre atraía a su público. La función ha ido cambiando, pero siempre ha sido lúdica. Con el aperturismo y la democracia, la sociedad ya tenía otros medios de diversión, por lo que la asistencia decayó ligeramente, pero aún así, era muy alta. El bajón gordo llegó a mediado de la década del 2000, con la aparición de Internet en los domicilios y el pirateo, pues las personas preferían no pagar y ver películas en casa. Pero tras esa decaída, hace unos años, el cine parece que está recuperando su fuerza y podemos ver las salas de nuevo casi llenas.

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