Alejandro Martín Caballero M.FORTUNA
Alejandro Martín Caballero M.FORTUNA

"Es gratificante ayudar a personas que necesitan una segunda oportunidad en la vida"

  • Con solo 28 años, este quintanense goza de una amplia experiencia en el mundo de la educación social

Sus primeros empeños le marcaban una vida dirigida hacia el teatro y la interpretación, y finalmente convive a diario cara a cara con la realidad más dura. En la actualidad trabaja en Madrid en un piso de refugiados con personas solicitantes de asilo y protección internacional. Su nombre es Alejandro Martin Caballero y HOY Quintana ha podido hablar con él sobre su inquietante desarrollo laboral con los colectivos más desfavorecidos.

¿Cuándo decidió estudiar Educación Social?

En un principio tuve la intención de estudiar arte dramático, porque la interpretación era lo que más me atraía. Pero tras un par de charlas con la orientadora del instituto, me recomendó que estudiara otra cosa, y dejara el teatro a modo de hobby en mis ratos libres. Finalmente, me guié por eso y me decanté por estudiar esta carrera porque me atraía el mundo del trabajo social y sobre todo ayudar a personas que lo necesitan.

¿Cuáles son tus primeras experiencias de prácticas?

El verano de primero de carrera hice prácticas en un campamento de personas con discapacidad física e intelectual en Málaga. En ese momento elegí este ámbito porque me llamaba la atención y sabía que podía ser muy gratificante. Tanto me gustó que estuve siete años más de voluntario en esta asociación en distintas épocas.

¿Qué supusieron estos voluntariados?

Gracias a esa experiencia comenzaron a llamarme de trabajos remunerados. Mientras tanto en segundo de carrera estuve en un proyecto de la Universidad de Salamanca para ayudar a una chica que tenía parálisis cerebral. Mi labor era trascribir sus exámenes en la facultad, porque ya no le daban opción de hacerlos desde casa, así que íbamos a un aula los dos y me dictaba el contenido. Fue muy gratificante poder poner un granito de arena en el desarrollo intelectual de esta chica para que se sintiera una estudiante más.

¿Comenzó a trabajar con otros colectivos?

En tercero de carrera empecé a hacer prácticas y conocer otros colectivos para ampliar mi experiencia en otros ámbitos y ponerme a prueba a mí mismo. Por ello, estuve haciendo prácticas en una asociación de personas con alcoholismo y otras adicciones. Sin duda, los meses allí me enseñaron a ver a estas personas de una manera muy diferente. La mayoría suelen tener una vida normal hasta que se les presenta un problema en su vida y les rompe su estabilidad laboral y familiar. Me llevó a pensar que nos puede pasar a todos, y que si así fuera a mí también me gustaría que hubiera centros y personas que pudieran ayudarme a superarlo porque nadie está exento.

¿De qué manera continuó su formación académica?

Al terminar Educación Social mi intención era hacer psicología, pero ese año quitaron la opción de hacer un curso puente que te convalidara ambas carreras y entonces me decanté por psicopedagogía. Al finalizar, me matriculé en el máster de Educación Infantil, especializado en Psicopedagogía Clínica, porque mi intención era trabajar en un gabinete de atención temprana. El Trabajo Fin de Máster lo realicé sobre el desarrollo de la creatividad en menores con necesidades educativas especiales, y la experiencia fue muy satisfactoria.

¿Cuándo comenzó su carrera laboral?

Una semana antes de terminar el Master me llamaron de Famma Cocemfe, (Federación de Asociaciones de Personas con Discapacidad Física y Orgánica de Madrid). Comencé a trabajar alternándolo con clases particulares a niños con necesidades educativas especiales. A través de este trabajo, también comencé los fines de semana a coordinar una asociación de personas con discapacidad en un proyecto de inclusión. En él hacíamos actividades de ocio mezclando a niños con discapacidad con otros que no tuviesen para que se creara un vínculo de juego entre ellos y en un futuro les facilite la integración.

¿Cuál fue su siguiente paso?

Comencé a compaginarlo con otro trabajo en el que trataba con personas sin hogar e impartía habilidades sociales y alfabetización. Tras dejar el ámbito de la discapacidad, estuve dos años en servicios sociales con menores en el distrito de Barajas, en el que la mayoría era población gitana, inmigrantes y personas sin recursos. Allí llevaba el servicio de ludoteca, realizaba intervenciones familiares y ofrecía apoyo educativo en un centro. Fue una experiencia muy buena, porque además en los fines de semana, para completar las horas de contratación hicimos un proyecto de intervención en la calle. Íbamos a los parques que solían frecuentar adolescentes y les planteábamos maneras de ocio alternativas al consumo de drogas y alcohol.

¿En la actualidad donde se encuentra?

Mientras trabajé en servicios sociales hice una entrevista en la Fundación la Merced Migraciones hace dos años, me escogieron y sigo allí hasta día de hoy. Esta organización, que está vigente desde 1987 atiende a personas refugiadas e inmigrantes, menores y jóvenes. Fue la primera casa de acogida del Estado Español.

¿Cuál es la función concreta que desempeña en ella?

Trabajo en el área convivencial dentro del programa de acogimiento residencial con refugiados, denominados solicitantes de asilo o protección internacional. Comencé con mucha ilusión porque era un nuevo reto y no precisamente sencillo porque este es un colectivo muy vulnerable. Pero aprendí los objetivos que teníamos y los intento poner en práctica a diario.

¿Es duro el día a día en este trabajo?

Tratamos con jóvenes, que ni siquiera llegan a la treintena de edad, que huyen de sus países por diferentes motivos, víctimas de abusos sexuales, guerras, conflictos políticos, persecución, orientación sexual o asesinatos. Todos ellos vienen dejando sus vidas atrás en busca de un nuevo horizonte que les ofrezca una oportunidad para vivir en paz. En la actualidad tenemos chicos de Afganistán, Eritrea, Gambia, Costa de Marfil, Guinea Conakry, entre otros. Te encuentras con historias terribles que te marcan, pero por ello nos esforzamos en lograr que reciban un apoyo integral y puedan conseguir en un futuro el asilo en España.

¿Cuál es el proceso que tienen que seguir para llegar hasta vosotros?

Cuando llegan a España lo primero que hacen es una entrevista en la oficina de asilo donde cuentan las causas de por qué han huido de sus países y por qué solicitan protección internacional, la mayoría de ellos han sufrido verdaderas calamidades hasta llegar aquí. Después, cuando les han proporcionado los papeles de asilo temporal, llegan hasta nosotros donde comienzan a convivir en un piso con otros compañeros el cual intentamos que sea su hogar. En la actualidad una docena de pisos en Madrid con diferentes proyectos.

¿Cuáles son los objetivos que perseguís?

Que adquieran habilidades sociales, aprendan el idioma y la cultura española, y sobre todo prepararles para un futuro laboral. Realizamos con ellos tareas diarias con un seguimiento personalizado de cada uno de los chicos. En ocasiones la convivencia entre ellos no es sencilla porque cohabitan personas de diferentes religiones, razas y costumbres, pero tenemos que intentar solventar las dificultades que se presentan. También proporcionamos ayuda psíquica para que procuren hábitos saludables. Con nosotros están seis meses y después pasan a una segunda fase en la que ya viven en habitaciones alquiladas tras haber conseguido un trabajo y puedan comenzar una vida autónoma integrados en la sociedad.

¿Se logra la integración de total de estas personas en el país?

A nivel de inserción laboral y habilidades sociales sí, pero el problema es con el asilo real. Hay muchos que consiguen su trabajo tras pasar este año con nosotros, pero entonces les llega la notificación del Ministerio de Asuntos Exteriores y si le han denegado el asilo definitivo, tras resolver su caso, se quedan indocumentados de nuevo y pierden el trabajo.

¿Ese es el principal problema que existe en este ámbito?

Sí, cuando le niegan el asilo de hecho hay muchos de ellos que se quedan de manera ilegal hasta los tres años que pueden pedir arraigo, mientras tanto nosotros le ofrecemos la ayuda que precisen. En la actualidad por desgracia no están dando apenas asilo, tienen que ser casos muy específicos y que apoyen y demuestren de manera muy clara su historia y las circunstancias por las cuales lo solicitan. En España deberíamos tener a 17.000 reubicados hasta septiembre de 2017 y no llegamos a 3.000. Nosotros intentamos que en tres años estas personas que llegan huyendo de un pasado puedan vivir libres, pero aún queda mucho por hacer en esta materia.

¿Qué proyectos de futuro tiene en este momento?

Hice realidad mi otra pasión referente a las artes escénicas, y por ello en mi tiempo libre practico teatro y música, además he actuado en dos cortos recientemente. En materia laboral, en enero dejo el piso en el que estoy ahora trabajando y comienzo a trabajar en otros dos de chicos y uno solo con mujeres. Estoy muy ilusionado porque nunca he tratado con el colectivo femenino y creo que puedo aprender mucho. No tengo idea de cambiar porque estoy muy a gusto trabajando en esta fundación, y aunque hay momentos muy duros, es muy gratificante pensar que trabajas para garantizar una vida digna a las personas que más lo necesitan, porque todos nos merecemos una segunda oportunidad.

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