La dehesa, ejemplo de sostenibilidad ecológica

Uno de los biotopos más bellos y mejor aprovechados de nuestro entorno

Dehesa
NATURALEZA

Pasando a la estricta definición de dehesa, podemos decir que se trata del aclarado de árboles y matorral, modelado por la acción antrópica, que ha propiciado el desnudo de territorios, que antaño tuvieron un aspecto bastante más denso.

Decir dehesa es decir encina (Quercus Rotundifolia), y es que esta especie arbustiva es predominante dentro del mencionado biotopo, y no sólo tiene un mero valor presencial, también cumple una función de abastecimiento, ya que su fruto, la bellota, sirve de alimento prioritario del cerdo ibérico, su explotación en "montanera" da como resultado unos jamones y embutidos de excepcional calidad, que sin duda alguna significa una de las mayores señas de identidad de Zalamea de la Serena. Pero la encina no sólo cumple una función abastecedora, sino que sus aportaciones son bastante más amplias, de esta forma, cada hectárea de encinar sintetiza anualmente entre cinco y diez toneladas de carbono, genera más de veinte toneladas de oxígeno y bombea hasta cien millones de litros de agua. Por no hablar, de que su madera es un magnífico combustible vegetal en cualquiera de sus variedades (leña seca, carbón o picón). Queda claro que la encina es la variedad arbustiva más destacada dentro de la dehesa, sobresaliendo por encima de otras como el alcornoque (Quercus Suber) o el quejigo (Quercus Faginea) que representan un papel más secundario.

En lo que a la ganadería respecta, además de hacernos eco del ganado porcino, también deberemos mencionar al ovino, ya que el pasto que suele cubrir la mayoría de nuestras dehesas, es un perfecto alimento para la oveja. Como pasaba con el cerdo, la oveja merina alimentada predominantemente en estos enclaves, da origen al riquísimo queso de La Serena, cuya calidad le ha valido para alcanzar el rango de producto con denominación de origen.

Si nos ceñimos a la descripción de sus cualidades edáficas, comprobamos que se trata de un suelo bastante fértil, con una gran cantidad de materia orgánica, que es difícilmente erosionable, y que mantiene de forma óptima una humedad relativa elevada. Todas estas características están determinadas, en un alto porcentaje, por la presencia de significativas  unidades de encinar. Además estos rasgos posibilitan, que no sólo sea un propicio escenario para la explotación ganadera, también tenemos un excelente terreno para el aprovechamiento agrícola, principalmente traducido en cultivos cerealísticos.

Pero no sólo tenemos en las dehesas actividades agrícolas y ganaderas, también estos ecosistemas son un excelente reclamo para una singular diversidad biológica, entre la que destacamos las especies cinegéticas (paloma, tórtola, perdiz, conejo, liebre...), por las connotaciones económicas que de éstas se derivan.

Además en el plano económico, todavía se puede optar por otras alternativas para conseguir mayor rentabilidad de estas superficies. Una modalidad en auge, es el turismo rural, y buen señuelo para este formato turístico, está siendo la contemplación de la dehesa. Así la observación de una humeante carbonera, un rebaño de ovejas pastando entre las encinas, un grupo de cerdos comiendo bellotas, o un espectacular "paso de grullas", atraen a visitantes, que se movilizan con el fin de contemplar estas excepcionales escenas campestres.

Queda claro el sinfín de posibilidades que nos ofrecen estos hábitats autóctonos de Extremadura. Todas las explotaciones económicas de los recursos naturales de la dehesa, que ya hemos esgrimidos en párrafos anteriores, se realizan teniendo claro que el beneficio económico cesa en el momento en que todos estos aprovechamiento sean perniciosos para dicho ecosistema. Por tanto, podemos afirmar que la dehesa es el paradigma, de lo que persigue el tan ansiado desarrollo sostenible, es decir, un sistema económico rentable, que a la vez se preocupe de la conservación del hábitat sobre el que actúa.