Victoriano Pozo en la puerta del bar 'La Serena', ahora cerrado / MARÍA FORTUNA

«La covid-19 nos ha obligado a cerrar porque nos estábamos arruinando»

Su testimonio es esencial para comprender las consecuencias devastadoras que el virus está teniendo en el sector hostelero de la localidad

María Fortuna
MARÍA FORTUNA

Resulta imposible recordar la avenida de la Constitución de Quintana sin la terraza del Bar La Serena. Pese a sus pequeñas dimensiones se ha consolidado a lo largo de medio siglo de historia como uno de los más tradicionales de la localidad. El negocio, tras dejarlo sus dueños estuvo regentado por otros dos vecinos y finalmente en 2016 cayó en manos de Victoriano Pozo. «Decidimos cogerlo mi hija y yo porque siempre ha sido un bar que ha marchado muy bien con su clientela fija».

Desde las 6 de la mañana, con los primeros desayunos a canteros y albañiles y en fin de semana a los cazadores, pasando por el mediodía con las cañas y el vermut, hasta las tardes que caían siempre en compañía de los vecinos de edad avanzada que no perdonaban su partida de cuatrola. «Ha sido un bar de toda la vida que tuve la suerte de tener los últimos cuatro años. No faltaba nunca gente porque, aunque había una gran oferta de bares y restaurantes en Quintana, cada uno tiene su gente».

Bares, como este, que han resistido durante años a difíciles situaciones como la crisis de 2008, pero que no han corrido la misma suerte cuando apareció en nuestras vidas la Covid-19. «Los meses del Estado de Alarma que tuvimos que cerrar por completo fueron muy complicados.Había que pagar impuestos, las facturas y los gastos, sin tener ningún ingreso. Las facturas de luz fueron de 200 euros por las cámaras frigoríficas y pudimos afrontarlo por los ahorros que teníamos».

Una situación que se hacía cada vez más cuesta arriba durante los dos meses y medio que duró. «Pusimos todas las esperanzas en la llegada del verano, pero el cierre de fronteras y las recomendaciones de limitar la movilidad hizo que muchos visitantes del País Vasco o Cataluña que son clientes fijos no vinieran y se notó mucho en la caja». Ese hecho, unido a las restricciones de aforo en el local que impedían el uso de la barra comenzó a dificultar el día a día del negocio de Victoriano porque apenas podían poner dos o tres mesas fuera. «En agosto tomamos la decisión de cerrar, algo que nunca antes nos habíamos planteado. No fue fácil pero ya no sacábamos ni para pagar los gastos y nos estábamos arruinando».

Antes de tiempo

Un cierre que tuvieron que echar antes de lo previsto debido a las recomendaciones de las autoridades sanitarias por el positivo de su nuera. «Después de la cuarentena que tuvimos que hacer ya solo hubiéramos abierto las dos últimas semanas de septiembre, y era una tontería, por lo que el 31 de agosto echamos la verja definitivamente».

A pesar de las adversidades, Victoriano no se vino abajo y asumió la situación. «Había que empezar de cero porque como la titular era mi hija, yo no tenía paro. Afortunadamente me contrataron en el Ayuntamiento para labores de mantenimiento municipal en el cementerio de la localidad». Trabajo que desempeña hasta la fecha con la esperanza, según nos relata, de volver detrás la barra de 'La Serena' cuando la situación se haya restablecido por completo. «No me importaría coger el bar de nuevo, pero solo si terminara la crisis sanitaria y todo volviese a ser como antes, sino no».

En caso de cumplirse el deseo de Victoriano, volverían esos cafés rápidos antes de comenzar la jornada laboral de decenas de quintanenses y aquellas tardes interminables de 'cantar las cuarenta' sobre el tapete verde y bajo un atardecer a lo lejos en la Sierra de Maldevíboras con los mismos naranjas y rojos de siempre.