María Delgado, con su pijama de trabajo. / CEDIDA

Gente Cercana

«Cuando me ingresaron, sin apenas respirar, sentí miedo de no volver a ver a mi familia»

A principios de la crisis se contagió en el hospital de Don Benito en el que trabaja. Tras superar el virus confiesa que aún no ha vuelto a ser la misma

María Fortuna
MARÍA FORTUNA

Ha superado la Covid 19. El testimonio de la quintanense María Delgado se torna esencial, ahora más que nunca, al detallar con una claridad meridiana los efectos de este virus. Un relato conmovedor en el que confiesa haber sentido miedo de no volver a ver a los suyos. Hoy comparte con nuestro periódico su realidad y la de millones de personas en todo el mundo que han sufrido, o sufren, el virus en primera persona, en su caso, como ella reitera, con la fortuna de poder contarlo.

¿Dónde se contagió?

En el Hospital Don Benito Villanueva, mi entorno laboral. Estaba trabajando en triaje con un compañero del que yo me contagié y después yo contagié a varias compañeras de Urgencias. Fue una cadena.

¿Cuándo los notó y cómo fueron los primeros síntomas?

Al día siguiente tenía un cansancio tremendo pero me tomé un paracetamol y no le di mayor importancia. Al día siguiente volví a trabajar, pero allí nos enteramos del primer positivo, y al haber estado en contacto con él me fui a casa, por precaución. Horas después comencé con fuertes dolores de cabeza, mucha tos y fiebre de 39. Llamé al 112 y me hicieron la prueba. Cuando di positivo, aislaron al resto de compañeros con los que había estado en contacto. El martes ya me costaba hablar y hasta respirar, por ello me hicieron una placa en el hospital y me diagnosticaron neumonía bilateral, y como iba a peor, al día siguiente me ingresaron.

¿Cómo reaccionó al saber que era Covid positivo?

Me vine abajo. Por un lado estaba tranquila porque veía que compañeros que estaban también infectados evolucionaban de manera favorable, pero por otro lado, veía a diario la televisión y cómo evolucionaba la pandemia y empecé a sentir miedo.

¿Qué fue lo más duro?

La noche que me ingresaron temí por mi vida, veía que me faltaba el aire y solo pensaba en mi familia, aunque tuve suerte de no tener que ir a la UCI porque respondí al tratamiento. Creo que lo más duro fue la soledad de día y de noche. Es una enfermedad muy poco humana porque aísla a la personas.

¿Qué era lo que más echaba de menos en esos momentos?

El abrazo de mi familia. Tenía mucho miedo de no volver a verlos y los echaba muchísimo en falta. Aunque mis compañeros estuvieron muy pendiente de mi cada momento de los 10 días que estuve ingresada, algo que les agradezco de corazón.

¿Cómo fue la vuelta a casa?

Cuando regresé tuve que guardar aislamiento durante un tiempo más, pero ya era otra cosa. Mi hijo pequeño de 13 años se acercaba por detrás de la puerta y hablábamos. Sentirlo tan cerca me daba la vida, incluso cuando lo escuchaba discutir con mi marido, esos pequeños roces cotidianos me sabían a gloria. Había vuelto a nacer.

¿Aún tuvo que esperar para el ansiado abrazo?

Sí, pero el día que ya pude abrazarlos no me lo podía creer. Lo he superado, pensé, pero no era consciente de que después vendrían las secuelas.

Cuando se refiere a secuelas, ¿en su caso cuáles están siendo?

A día de hoy sigo con tratamiento respiratorio porque me cuesta respirar y me canso con facilidad. A las tres semanas regresé al hospital por taquicardias y ahora mismo sufro ansiedad. El trauma que se vive es muy duro, esto no es una simple gripe, esta enfermedad deja huella y lo peor es que no sabemos demasiado sobre él. Pero las peores secuelas son las psicológicas, el miedo que tengo al virus y a que alguien de mi familia pueda cogerlo y sufrir lo mismo que yo.

¿Cómo se sintió al volver a pisar la calle?

La primera vez que salí fui al campo de mi madre. Vi a mi hija por primera vez porque ella vive en Quintana. Allí me sentí protegida. Todos me decían que vaya susto les había dado. También al poco tiempo mis compañeros del hospital me hicieron una especie de fiesta sorpresa, por mi recuperación. Cuando estaba allí me harté de llorar, tuve sentimientos contradictorios porque me sentía afortunada por haber superado el virus y por cómo se habían portado conmigo, pero interiormente estaba muy angustiada y me tuve que ir al poco tiempo. La Covid te deja muy tocada.

¿Cómo es ahora mismo su día a día?

Muy diferente al que era antes de la Covid 19. Aún estoy de baja, no he regresado al trabajo, cuando camino me canso y tengo tos. Poco a poco me voy recuperando, pero esto es lento.

Se están viendo nuevos rebrotes en la provincia de Badajoz ¿cómo lo ve?

Siento impotencia. Mi marido cuando aparecen en televisión noticias referentes al covid tiene que cambiar de canal porque no puedo verlo. Me cuesta entender cómo hay gente que no es, ni ha sido, consciente de lo que supone esta enfermedad. Han muerto muchísimas personas, otros tantos la hemos padecido y aún sufrimos los efectos secundarios, y sigue habiendo quienes miran para otro lado y se saltan las medidas. La responsabilidad de cada uno es fundamental para evitar que este virus vuelva a expandirse de nuevo. Por supuesto que tengo esperanza de que esto acabe, pero creo que va a ver una segunda oleada si se continúa así.

¿Cómo ha sentido ante tantas muestras de solidaridad durante la crisis?

Me emocionaba con cada una de ellas. A título personal quiero agradecer al grupo de Quintana de Raquel y Jonathan el envío de sus EPIS. Tuvieron que ver en todo el hospital, además me consta que mandaron a muchos otros puntos del país. Pero no solo ellos, la colaboración de todo el pueblo de Quintana ha sido excepcional. No tengo palabras porque han aportado un material valiosísimo para nuestros sanitarios y, estoy segura, que realmente ellos a, día de hoy, no son conscientes de lo que han hecho.