«Nuestros mayores se merecen los mejores cuidados. Un día ellos cuidaron de nosotros»

Matilde Romero /M.FORTUNA
Matilde Romero / M.FORTUNA

Es la memoria viva de los Pisos Tutelados de Quintana. Creó una cooperativa para gestionarlos y lo hizo con dedicación y humanidad

María Fortuna
MARÍA FORTUNA

Fue pionera en llevar a cabo el proyecto de pisos tutelados en la localidad los cuales dirigió durante 14 años. Hoy, tras su jubilación, recuerda con nostalgia cómo fueron los inicios y la trayectoria de este lugar creado para la atención y cuidado integral de nuestros mayores

¿Cuáles fueron los inicios de los pisos tutelados?

En la década de los 90, en el norte de Cáceres se empezó a percibir que había mucha población mayor que, tras la marcha de sus hijos y familiares, vivían solos en sus domicilios. Además se añadió el hecho de que muchos de esos domicilios estaban en mal estado y sin condiciones adecuadas para la habitabilidad. Con el Gobierno de Juan Carlos Rodríguez Ibarra y María Emilia Manzano como consejera se comenzó a poner en marcha la construcción de pisos tutelados para ofrecer a estas personas un lugar digno donde vivir, estar acompañados y cuidados en nuestra región.

En Quintana, ¿cómo se pone en marcha su creación?

Consciente de la necesidad que había en localidades de toda Extremadura, en nuestro pueblo también plantearon por parte del Ayuntamiento construir uno porque era muy triste ver a los ancianos viviendo solos. Entonces formé junto con un grupo de personas una cooperativa y presentamos nuestro proyecto al consistorio. Finalmente fue el elegido y tras la adecuación del centro, que se creó completamente nuevo, comenzamos a trabajar en él. La gestión era semiprivada porque los usuarios pagaban al Ayuntamiento y después desde allí nos daban una partida presupuestaria para sufragar todos los gastos y pagar a las trabajadoras que nosotras contratamos.

¿Qué fue lo primero que hicieron?

Se abrió el 16 de mayo de 2002, aunque se inauguró con la consejera Manzano más tarde. Al principio solo había 8 usuarios, lo curioso es que solo eran 3 de Quintana y 5 de Esparragosa. Poco a poco fueron entraron paulatinamente hasta tener 12 los primeros años Lo cierto es que desde nuestra localidad al inicio eran reacios a venir porque las personas preferían quedarse en sus casas y era un cambio grande de forma de vida.

¿Cómo era el régimen que había?

En principio las plazas eran para personas que se valían por sí mismas. Es decir, podían dormir en sus casas y después venir a comer, a cenar o dormir, porque teníamos una cocinera que se encargaba de los menús. A partir de 2009, por un decreto de la Junta se amplió el centro a 10 plazas de personas autónomas y 10 para asistidas. En ese momento éramos 9 trabajadoras repartidas en los diferentes turnos de la mañana, la tarde y la noche. Todo ello siempre con el apoyo del Ayuntamiento.

¿Qué cambios hubo con la incorporación de plazas en 2009?

En ese momento el trabajo cambió porque los usuarios dependientes necesitaban una asistencia mucho más concreta. Tanto en el tema del aseo, como la medicación, acompañamiento al médico de familia y al hospital. Antes las personas que estaban eran autónomas y ellos se controlaban la medicación y el aseo.

Hoy en día la soledad de los mayores es una realidad, ¿Cómo experta en el trato con ellos qué opina?

Todo ha cambiado mucho en las últimas dos décadas y en los entornos rurales como el nuestro también. Antes había muchas menos mujeres trabajando, y debido a la crisis se han tenido que incorporar al mundo laboral, por tanto esa asistencia que tenían a los padres ha disminuido. En las ciudades grandes es más común llevar a las personas mayores a residencias, pero lo cierto es que muchas veces son ellos mismos los que no quieren porque salen de su entorno habitual. Con proyectos como los pisos tutelados precisamente se intentó terminar con esa soledad y desatención a los mayores y ofrecerles un lugar donde poder vivir atendidos y acompañados. En Quintana recomiendo que soliciten plaza y no esperen al último momento porque hay mucha demanda y para cuando la necesiten, puedan entrar sin espera.

El olvido de las personas mayores, ¿considera que aumenta conforme evoluciona la sociedad?

Es terrible encender la tele y ver noticias de personas que llevan tiempo fallecidas y nadie ha preguntado por ellas. El olvido de esas personas que un día cuidaron de sus hijos y familiares y ahora parece que ya no son válidos. Es algo que siempre me ha causado mucha tristeza, de hecho yo me he involucrado mucho en los usuarios del centro y los he tratado como si fueran familia. El día a día con ellos hace que les cojas mucho cariño y sus historias ya forman parte de tu vida. De hecho cuando se producía algún fallecimiento me costaba volver a la normalidad.

Los medios también muestran casos de maltrato por parte de asistentes a los usuarios, como directora, ¿conoce algún caso?

Jamás, todas mis trabajadoras han tratado con mucho respeto a los usuarios. Lo cierto es que cuando escuchas los casos se te eriza la piel, sobre todo para personas que hemos dedicado tanto tiempo y esfuerzo en lograr que nuestros mayores se encuentren en un entorno agradable donde poder estar tranquilos en el ocaso de sus vidas. De por sí las residencias son tristes, aunque recibas mucho cariño pero no es tu sangre. He visto a muchos mayores preguntar por sus hijos y nietos, por lo que considero que esas personas, por llamarlas de alguna manera, que encima los maltratan no tienen corazón.

¿De qué manera ha evolucionado el centro en los últimos años?

Además del aumento del número de usuarios y trabajadoras como ya he comentado, se han ido mejorando las instalaciones. De hecho, ahora tienen en proyecto ampliarlas desde el Ayuntamiento, que es la institución que se encarga de su gerencia desde que yo me jubilé. En temas de actividades ha habido fechas puntuales de celebración que se han ido consolidando con los años, por ejemplo la comida de Navidad que la hacíamos en torno al 20 de diciembre y era mi día favorito, porque además de almorzar con ellos, pasábamos toda la tarde con ellos hablando y compartiendo historias. También desde hace unos años el día de inicio de feria el equipo de Gobierno va a felicitar las fiestas a los usuarios y cenan juntos. Además como homenaje a ellos los primeros fuegos de inicio de la feria los tiran justo en frente de los pisos.

¿Cómo se siente tras su jubilación?

Me costaba mucho pensar en ella, porque decía ¿y qué voy a hacer yo después? Además la vinculación que tenía con mi trabajo era muy grande. No ha sido un trabajo sencillo porque además del cuido de los usuarios, que es algo que te tiene que gustar de entrada, llevaba el tema administrativo, las cuentas, gestionaba dónde iban las ayudas del ayuntamiento etc. Es decir, que era laborioso, pero a mí me encantaba. Tras jubilarme estuve un tiempo que no quería pasar por esa calle porque me traía demasiados recuerdos, y a día de hoy aún me cuesta pero ahora dedico el tiempo a mi familia, a la lectura y a mi jardín. Me siento muy feliz por haber dedicado muchos años de mi vida a nuestros mayores, porque ellos un día cuidaron de nosotros, y ahora se merecen que nosotros cuidemos de ellos.