Ocho de los veintitrés miembros de Protección Civil en una jornada de vacunaciones / MARÍA FORTUNA

Agrupación de voluntarios de Protección Civil de Quintana

«Nos mueven las ganas de ayudar y sentirnos útiles cuando se necesita»

Los 23 voluntarios que forman la agrupación han arrimado el hombro en los momentos más complicados de la pandemia

María Fortuna
MARÍA FORTUNA

Un chaleco naranja, un walky y un silbato. No han necesitado más para convertirse en personas imprescindibles en nuestra localidad. Hablamos de la indumentaria de la agrupación de voluntarios de Protección Civil, un grupo formado por 23 vecinos que, con la cooperación por bandera, decidieron invertir su tiempo y esfuerzo en ayudar a los demás.

Se unieron a principios del 2020 y, sin haber comenzado a caminar, tuvieron que correr a toda prisa para estar al frente durante la pandemia. «Los primeros servicios que hicimos fueron la carrera de la mujer y la ruta ciclista al puerto de la Cabra, ambas en marzo. Después con la llegada de la covid los planes cambiaron de repente», explica el coordinador, José Antonio Tena. Todos ellos, con edades comprendidas entre los 17 y los 65 años, tienen un denominador común: las ganas de ayudar.

Movidos por un altruismo incuestionable, han arrimado el hombro en los momentos más complicados vividos en Quintana durante la crisis sanitaria. Cuando se decretó el Estado de Alarma, explican, tuvieron un pequeño parón hasta el mes de abril. «Entonces comenzamos a repartir material escolar y ordenadores a los alumnos del instituto y el colegio en sus domicilios». Ese fue el punto de arranque porque desde entonces no han parado. «También llevamos la compra a personas dependientes y mayores para que no tuvieran que salir y nos desplazamos hasta Badajoz para llevar a la nave del SES el material sanitario que cosieron las costureras de nuestra localidad».

PCR masivas

Los meses siguientes fueron tranquilos para ellos porque la covid pasó de largo, hasta agosto, cuando apareció sin avisar. «Se declaró brote en Quintana y los positivos salían día tras día. Todo el mundo centró su atención en los enfermos de silicosis y desde Sanidad sus esfuerzos en protegerlos, por lo que decidieron hacer un cribado masivo a los más de 400 afectados».

Ese momento confiesan que fue clave para ellos porque tuvieron que aprender improvisando y participar en operativos totalmente nuevos. Su labor era tomar el nombre de los citados e indicarles el itinerario de entrada y salida a la carpa. «Los primeros días no sabías ni donde ponerte, estabas inseguro, y sobre todo sentías pánico a este virus tan desconocido. No había mascarillas, gel y guantes suficientes que nos quitasen ese miedo», explica la voluntaria Maria José Fernández.

Más allá de guiar a los coches y pasar lista, tranquilizaban, animaban y escuchaban a los que detrás del cristal esperaban con angustia el resultado de los test. Actos que los han convertido en mucho más que unos meros voluntarios. La formación que habían recibido previamente, relata, les ayudó en esos momentos. «En julio hicimos un curso a través de la agrupación de Voluntarios de Don Benito, a la que estamos muy vinculados porque nos ayudaron en los inicios. Esta la impartió un formador a nivel nacional y es la misma que se le dio a los efectivos de la UME cuando tuvieron que intervenir en residencias de mayores y nos fue muy útil», explica Miguel Vera, uno de los voluntarios con más experiencia.

Colegio y mercadillo

En septiembre con la llegada del curso escolar, se desplazaron hasta las puertas de los colegios para indicar a los alumnos cómo debían de colocarse en las filas de entrada y asegurarse que guardaban la distancia de seguridad. Con el regreso del mercadillo ellos fueron los encargados de enseñar el recorrido a los visitantes e informarles sobre las medidas de seguridad. De igual manera que lo hicieron en el cementerio durante el puente de Los Santos, dejando claro para ellos no hay sol o lluvia que se interponga cuando se trata de echar una mano en el momento que se necesita.

Precisamente con agua y mucho frío llegó enero y con él la ola más fuerte de covid hasta la fecha. Un brote de 160 positivos trajo jornadas maratonianas de pruebas PCR durante más de dos semanas con viento y temperaturas bajo cero, jornadas a la que no faltaron ni un solo día. «Nos avisaban de un día para otro por la gravedad de la situación y siempre había cinco o seis compañeros dispuestos a ir. Ahí vivimos los momentos más difíciles sin duda».

Una vez que pasó la tormenta, llegó la calma y la campaña de vacunación, en la se han convertido en agentes esenciales porque además de indicar la entrada y pasar lista, acompañan a los vacunados durante los 15 minutos posteriores a recibir la dosis para asegurarse que se encuentran bien. «En general los vecinos que vienen son muy agradables y agradecidos con nosotros. Nos dicen siempre que estamos muy bien organizados». Sentirse útiles, según explican, es la mayor gratificación que reciben de este trabajo. «Estar ahí durante la pandemia nos ha hecho fuertes. Hemos ganado capacidad de aguante y eso nos sirve para seguir al frente».

Hasta aquí llega este recorrido por su corta pero intensa trayectoria. Dos adjetivos que la califican a la perfección puesto que desde que comenzaron han realizado 80 servicios, 45 en 2020 y 35 este año, cuando lo habitual, según explican, es hacer uno o dos al mes. «Ojalá comencemos pronto a colaborar en actividades culturales y deportivas, conciertos y ferias, que es lo habitual, porque eso significará que vamos dejando atrás la crisis sanitaria».

Al futuro miran con optimismo y con ganas de seguir formándose. «Queremos progresar como asociación y asistir a cursos en distintos ámbitos como por ejemplo la comunicación por radio». Propósitos que conseguirán puesto que predisposición y buen hacer no les falta, cualidades que han hecho que sea imposible mirarlos sin una sonrisa agradecida porque si hay que hablar de gente cercana, ellos son el mejor ejemplo.